dijous, 23 de juliol de 2009

Entrevista al nou General Pedro Aguado


Us transcric un tros d'una entrevista feta per l'agència Zènit a en Pedro Aguado:

- ¿Cómo se está desarrollando el Capítulo?

- Somos 75 capitulares, trabajando con mucho ánimo y participación. Nuestra Orden celebra Capítulo General cada seis años, y son una gran oportunidad para profundizar en nuestra realidad y acordar líneas de avance en las áreas fundamentales de nuestra vida y misión. Se nota un gran ambiente de fraternidad y de búsqueda de acuerdos, y un deseo de fortalecer la orden en su vida interna y en su capacidad de misión.

- ¿Qué temas destacaría de este Capítulo?

- Como tema central, estamos trabajando "nuestro ministerio escolapio", pero tenemos otros que son también muy importantes, como el proyecto de formación, la reestructuración de la orden o la pastoral vocacional.

- ¿Cómo ha recibido su nombramiento de superior general?

- Sinceramente, con paz y con ánimo, con confianza en Dios y en los hermanos y como una experiencia de fe. En mis primeras palabras tras la elección, recordé el texto de Pablo a Timoteo en el que proclama: "sé bien de quién me he fiado y sé que tiene poder para ayudarme a llevar hasta el final el encargo que me dio". Yo tengo la experiencia de que esto es así, y confío plenamente en que así seguirá siendo.

- ¿Qué temas tiene ahora previsto desarrollar como prepósito general?

- Pedro Aguado: Mi tarea fundamental, la tiene que definir el Capítulo en las líneas de acción que aprobemos. Pero es claro que hay que trabajar mucho en una revitalización de la orden en todas sus dimensiones, en avanzar en temas como el laicado escolapio o la pastoral vocacional, y en crecer en sentido de misión y en la calidad en la práctica de nuestro ministerio. Quisiera estar muy cerca de las personas, de las provincias y de los proyectos que impulsamos, y para eso va a ser necesario un esfuerzo por conocer la realidad y poder así tener más medios de discernimiento para tomar decisiones.Así que los primeros pasos serán una mezcla de conocimiento de la realidad y de impulso de las opciones fundamentales que nos proponga el capítulo.

- ¿Cómo ve la Orden de los escolapios 500 años después de su fundación?

- Sinceramente, con una mezcla de esperanza y de preocupación. Creo que es una mezcla sana. Tengo esperanza porque hay muchos valores, oportunidades, personas extraordinarias que se comprometen a fondo como escolapios, también muchas personas que, desde una vocación laical, comparten nuestro carisma y nuestra misión, nuevos desafíos a los que responder. Y preocupación porque los recursos no son muchos, hay muchas necesidades a las que atender, el cuidado de las personas nos exige mucha atención y tiempo y a veces no llegamos a todo. Creo que es bueno que las personas que estamos al frente de las instituciones vivamos nuestro servicio con una esperanza razonable y una preocupación que nos ayude a discernir. Y, desde luego, desde la fe y la confianza en Dios.

- ¿Qué aspectos del carisma de su fundador cree que han enriquecido más a la Iglesia y al mundo?

- Sin duda, el carisma de Calasanz ha sido decisivo en la historia de la Iglesia. Él fue el primero en asumir como experiencia carismática la educación evangelizadora de los niños y jóvenes, sobre todo de los más pobres. No lo tuvo fácil, pero lo consiguió con su afortunado atrevimiento y su tesonera paciencia. Cada uno de los carismas destaca un pequeño rasgo del conjunto de la propuesta cristiana; el nuestro anuncia que si somos capaces de educar en cristiano a los niños y jóvenes, podemos esperar una vida transformada y transformadora.Ésta es nuestra aportación a la Iglesia y al mundo. Y nos sentimos profundamente comprometidos con esta misión.

- ¿Qué desafíos tienen planteados en estos momentos como orden?

- Son muchos y variados, como he ido diciendo. Pero si tuviera que sintetizarlos, diría que son tres. El primero, vivir nuestra vida y encarnar nuestra misión en renovado vigor evangélico, teniendo claro que nuestra vida tiene que ser signo creíble del Evangelio. Todo lo que hagamos por ser más fieles al Evangelio, nos ayudará a dar mejores respuestas de misión. El segundo, dotar de nuevo dinamismo a todas nuestras presencias y obras, y crear otras nuevas, en dinámica de crecimiento. Para ello deberemos fortalecer mucho el "cuerpo de las Escuelas Pías" pensando tanto en los religiosos como en los laicos que comparten nuestro carisma y nuestras opciones, y potenciar claramente nuestro "sentido de misión", colocando nuestro ministerio en el centro de nuestra vida. Finalmente, yo resaltaría que la orden necesita abordar reformas estructurales que permitan fortalecer nuestra vida y misión. Nuestro Capítulo está trabajando en todo ello, y espero que podamos ofrecer propuestas claras y significativa al conjunto de las Escuelas Pías.


Por Patricia Navas