dijous, 30 de juliol de 2009

Missatge final del P. General als participants al Capítol General

Queridos hermanos:


Estamos a punto de cerrar nuestro 46º Capítulo General. Sin duda que ha sido una experiencia gozosa para todos nosotros. Por encima del cansancio, del trabajo, de los debates, de los dictámenes, de los sufrimientos –que también los ha habido- nos queda a todos, así os lo deseo, una experiencia de fondo: estamos construyendo Escuelas Pías. En estas palabras finales me quiero hacer portador de un sentimiento que creo que está presente en cada uno de nosotros: nos vamos de esta casa con esperanza. No exenta de preocupación, pero con esperanza. Y creo que este es una buena situación. No voy a hablar de ideas o de los grandes temas del capítulo. Ya hemos hablado bastante de ellos. No voy a hacer una síntesis o repaso de las grandes líneas que hemos aprobado. En nuestra primera carta circular os presentamos una lectura de las opciones, de los objetivos y de las prioridades de la Congregación General. Ese es su sitio. Yo os quiero proponer como me gustaría que saliéramos de Peralta, cómo me gustaría que volviéramos a nuestras casas, cómo me gustaría que retomáramos el pulso de la Orden. Lo hago con siete palabras



1. ESPERANZA. Os propongo que volváis a vuestra vida escolapia ordinaria esperanzados y conscientes de los desafíos que tenemos que abordar. Esperanza y optimismo no es lo mismo, queridos hermanos. Los escolapios, por cristianos y por hijos de Calasanz, somos hombres de esperanza, que es mucho más serio que ser optimistas. Nuestra esperanza se basa en Dios y en su amor, en la promesa de su Espíritu, en la entrega amorosa de su Hijo y en la vida carismática de las Escuela Pías. Tenemos esperanza y hemos de dar razón de ella a nuestros hermanos. Tenemos esperanza en medio de nuestra pobreza, porque recibimos la riqueza de la fraternidad y la pasión por la misión. Tenemos esperanza en medio de las dificultades de algunas prospectivas porque vivimos desde nuestra capacidad de construir juntos un camino nuevo y convocante. ¿Dónde está puesta la esperanza de Thomas cuando piensa que en India todavía no han podido disfrutar de la riqueza de la vida comunitaria? ¿Dónde está la esperanza de Dante cuando piensa en su Provincia “vecchia” que sin embargo ha sido capaz de intentar nacer de nuevo?. ¿Dónde está la esperanza de Pini cuando piensa que en el país en el que vive es un milagro que un joven decida dejarlo todo, absolutamente todo, para iniciar el camino escolapio? Queridos hermanos, mirémonos unos a otros: somos hombres de esperanza porque somos creyentes y porque llevamos en los genes una íntima convicción, expresada extraordinariamente por el santo viejo al final de su vida: Manteneos firmes, y veréis sobre vosotros la ayuda de Dios. Y ahora oramos por vosotros para que no os entristezcáis, sino que en la dificultad brille más vuestra virtud. Nuestra esperanza procede de nuestra vida de fe asumida como vocación consagrada a una misión apasionante. “Una esperanza que no defrauda, porque al darnos el Espíritu Santo Dios ha puesto su amor en nuestros corazones” (Rom 5,5)



2. AGRADECIMIENTO. Cada uno de nosotros sabemos cómo vinimos a este Capítulo. Con qué actitudes, con qué objetivos, con qué ideas o sensibilidades. Seguro que vinimos con nuestras tentaciones y también con nuestras expectativas. Pero no podemos volver igual. Si no ha pasado nada en nuestro interior, si no hemos removido nuestros esquemas, si volvemos a casa igual que llegamos, es que no hemos sabido abrir ni el corazón ni la cabeza al paso del Espíritu y a la capacidad de cambio que tiene el encuentro de los hermanos. Yo os propongo que salgamos de Peralta perdonando sinceramente aquello en lo que nos hayamos sentido bien y agradeciendo todo lo que hemos recibido. Agradeciendo el trabajo de la Congregación General anterior, expresado en tantos documentos y propuestas; agradeciendo la participación de los hermanos, queriendo siempre enriquecer las propuestas buscando fidelidad; agradeciendo la participación silenciosa pero igual de entusiasta de otros, buscando la misma fidelidad y avance; agradeciendo la posibilidad que la Orden nos ha dado de tener esta extraordinaria experiencia de comunión y de discernimiento. Seguro que todos encontramos muchas más cosas buenas que pobres en lo vivido en estas tres semanas. Salgamos agradecidos y reconciliados.



3. DISCERNIMIENTO. Os propongo que vivamos en actitud de discernimiento. Discernimiento significa pensar las cosas a la luz del Evangelio, para tomar las mejores opciones que nos hagan ser más fieles a nuestra identidad y a nuestra misión. No podemos vivir en discernimiento sin tomarnos en serio lo que esto significa, sin asumir que nos toca trabajar firme por las Escuelas Pías. Sólo así podremos entrar en esa dinámica de “nacer de nuevo” que Jesús plantea a Nicodemo y en él a todos nosotros. ¿Qué es revitalizar, hermanos? Es buscar, pedir y trabajar nueva vida. Es trabajar para dar a nuestra Orden nuevas oportunidades de audacia, creatividad y santidad. Audacia es tomar decisiones de presente pensando en el futuro, creatividad es hacer las cosas de modo nuevo, y santidad es buscar el querer de Dios en nuestra vida. Ojalá sean estas las claves de nuestro discernimiento.



4. FIDELIDAD. Busquemos impulsar todo lo trabajado en nuestro Capítulo desde la fidelidad creativa. Para ello, hemos de tratar dotar a nuestra fidelidad de radicalidad evangélica. Cuando nos miramos, nos puede pasar que nos vemos como personas responsables del trabajo, cuidadosas de su oración, fieles a los compromisos adquiridos, pero puede faltarnos el dinamismo de un impulso creciente. El crecimiento espiritual y apostólico se nos puede debilitar. Quizá podamos tener una fidelidad excesivamente sensata. Muchos nos ven con el motor en marcha, pero con el freno de mano echado, por si acaso…Quizá muchos nos reconozcamos en este retrato. La fidelidad evangélica nos exige una cierta audacia, y tomar decisiones en consonancia. Creo que necesitamos hacer algo parecido a lo que hizo Josué al llegar a la tierra prometida: destacar exploradores. Estamos como ellos, abandonando los ajos y cebollas de Egipto y buscando nuevos caminos para llegar a lo que Dios nos ha pedido/ofrecido. Pero no llegaremos sin desierto y sin explorar sin miedo. La fidelidad es un juego entre “mantenimiento” y “exploración”. En el fondo, la fidelidad es un “arte de gobierno”. ¿Acertaremos con nuestras seis líneas generales de acción y con las personas a las que les encomendemos impulsarlas? ¿Seremos capaces de explorar nuevos caminos en pastoral vocacional o proponer nuevas dinámicas o estructuras de Orden que nos den nuevas posibilidades?



5. CONSTRUIR. Os propongo que nos pongamos en actitud de “construir Escuelas Pías” y que lo hagamos en serio. Estamos hablando de “palabras mayores” y que estas cosas no se construyen y consiguen por puro voluntarismo ni se pueden resolver desde la simplificación o desde el todo vale. Toda la Vida Religiosa, y también las Escuelas Pías, tenemos claro que nuestra vida debe abrirse a profundos cambios si quiere crecer evangélicamente. Y esos cambios serán exigentes, sin duda, porque son evangélicos. Serán profundos o no valdrán. Por eso, muchos de quienes piensan y escriben para animarnos a los religiosos nos recuerdan que necesitamos una “espiritualidad para el cambio y el camino”, es decir, “recursos teologales” que nos ayuden a discernir con lucidez evangélica. Si no queremos decepcionarnos por nuestra incapacidad de hacer lo que aprobamos, debemos fortalecer a las personas de los religiosos con recursos teologales, necesarios para abordar renuncias y emprender nuevos caminos. Tenemos que tomarnos en serio lo que somos, la vida que hemos elegido, las razones por la que la hemos consagrado… o esto no funcionará. Hemos de ser hombres fuertes en la fe y en la vocación. Y esto nos supone un trabajo que la Orden debe hacer e impulsar. Pongo algún ejemplo de lo que quiero decir con esto, citando alguna área en las que necesitamos “fortalecernos teologalmente”: la profundización en la identidad carismática de la vida religiosa, en profunda relación con las demás vocaciones, la clarificación de lo que significa el desafío de la significatividad de la vida religiosa. Hay una intuición a la que alguna vez le tendremos que sacar provecho. Es de Bonhoeffer, teólogo y mártir. Habla de “gracia barata” y “gracia cara”. La primera es propia del “todo vale” (gracias sin seguimiento, perdón si cambio, vida de fe sin exigencia y radicalidad). Dice Bonhoeffer que esta “gracia barata” es el enemigo mortal de la Iglesia. La “gracia cara” es el tesoro oculto en el campo que nos hace vender todo para comprarlo. Es la gracia (la fe) de nuestros fundadores y de tantas personas desconocidas que se han tomado en serio la fe. Es la gracia que da origen a la vida consagrada. Hay que tomarse en serio nuestra propia vocación.



1. ENVÍO. ¡Habría tanto que decir de las líneas que hemos aprobado y de los documentos que hemos estudiado! ¿Cómo hacer de ellos un instrumento de nueva vida? La revitalización, consolidación y crecimiento de la Orden no es sólo una línea general de acción; es nuestro modo de amar a las Escuelas Pías y a Calasanz. En ella se sitúa nuestro esfuerzo por la pastoral vocacional o por la formación inicial. Desde ella debemos entender el impulso de un sujeto escolapio profundamente compartido entre religiosos y laicos. Desde ese horizonte debemos comprender los cambios estructurales que queremos impulsar. Hemos de conseguir comprender nuestras LGA como caminos que se entremezclan, como modos diferentes de acercarnos a nuestro objetivo esencial como escolapios: trabajar para que la obra de Calasanz siga siendo una posibilidad para los niños y para los pobres, y una aportación indispensable para la causa del Reino de Dios. Desde ahí hemos de valorar todo lo que hemos hecho, y por eso no lo podemos convertir en papeles sin vida o en opciones que podemos impulsar a medias. Trabajar a fondo por llevar adelante lo decidido por nuestro capítulo forma parte de nuestra vocación, y con eso no jugamos nadie. Somos corresponsables de nuestro Capítulo, y la corresponsabilidad y el envío son dimensiones que caminan a la vez. Yo os propongo que nos sintamos enviados por el Capítulo General.



2. SEGUIMOS CAMINANDO. Termino. Ya siento deciros que el Capítulo General no termina hoy. Tenemos que continuar. Ya sé que ayer aplaudimos con ganas, pero no terminamos hoy. Todos tenemos que seguir. Cada uno desde el servicio que la Orden nos ha pedido, todos tenemos que seguir trabajando por las Escuelas Pías. Es mi séptima y última propuesta: sigamos tratando de impulsar lo que aquí hemos aprobado, ofreciendo nuestro tiempo y nuestro esfuerzo por el proyecto común. Sigamos trabajando con nuestros hermanos, con tantas personas con las que vivimos y trabajamos, con todos los que comparten el sueño escolapio. Sigamos escuchando a nuestra gente y trabajando juntos por un proyecto común. Sigamos escuchando las preguntas que se nos plantean, y tratemos de dar respuestas escolapias. Sólo como un ejemplo, algunas de las preguntas que los jóvenes escolapios nos hacen de vez en cuando. Por ejemplo:


a) ¿Vais a contar conmigo para pensar en el modelo de Escuelas Pías en el que voy a vivir?


b) Yo he entrado en la Escuela Pía por vivir una experiencia de fe profunda y válida y por entregarme a la causa de los pobres. ¿Voy a poder hacerlo?


c) ¿Me vas a acompañar en mi proceso o me vais a dejar que viva esa famosa intemperie a la que me decís que me tengo que ir acostumbrando?


d) ¿Es verdad que nuestra Orden tiene un proyecto y que yo voy a poder soñar con él?


Nos seguirán haciendo preguntas, nos seguiremos haciendo preguntas. Seguimos de Capítulo General; al menos debemos seguir en actitud de búsqueda y trabajo en común. Quiero terminar con un sencillo pasaje evangélico, tomado del Evangelio de Marcos (4, 26-29). Tiene mucho que ver con el DOCERE AUDEO de nuestro Capítulo, con el subrayado que hemos puesto a nuestro compromiso con la misión, a nuestra pasión por la misión. Dice así: “Sucede con el Reino de Dios lo que con un grano que un hombre echa en tierra. Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto está a punto, enseguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega”


También tenemos todos que aceptar que no todo está en nuestras manos. Nuestra acción debe ser así: hacer todo lo que esté en nuestras manos (echar la semilla, cuidarla, meter la hoz), pero aceptar que todo lleva su tiempo, tiene sus etapas, tiene una dinámica en la que también, en el centro, entra el Espíritu de Dios. Os deseo un buen camino. Que Dios nos bendiga a todos. Muchas gracias y mucho ánimo.



Pedro Aguado


P. General